El regalo de la vida para la princesa y el caballero
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- Categoría: covid-19
- Escrito por Nazín Salomón Ismael
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Había una vez una princesa, protegida en un castillo de rocas a orillas del mar, rodeada de valientes caballeros y fieles consejeras. La dama cuidaba su rostro de ajenos suspiros, precavida ante la gran amenaza de los pequeños duendes verdes.
Vestía ropas holgadas y sin pendientes ni joyas paseaba pues, los diminutos villanos a todo se adherían, sin reparo. Entre sus pasiones estaba la medicina, acompañaba a los enfermos dentro y fuera de la corte, curando sus dolencias, aunque esto significase el descuido de otros compromisos de mayor clase pero, "¿qué hay más importante que preservar la vida?" - decía.
A pesar de su juventud, mucho ya había ganado, y otras tantas cosas perdido. Ostentaba el dogma de ser buena persona y, sobradas ganas de retribuir al reino un poco de la paz que alguna vez había recibido. Entonces, el destino premió esa bella obra humana.
Sí, no se ha equivocado, continúa siendo el periódico Sierra Maestra, y esta, una de las tantas historias de vidas que merecen ser contadas, esparcidas por el mundo como las grandes noticias. Pero de una forma diferente, por eso este matiz caballeresco y señorial, como sin duda merecen estos "héroes de batas blancas". Y es que, la princesa es una joven doctora que hoy disfruta de su recompensa por llevar a cabo la labor más digna que puede realizar el hombre: salvar vidas. En este caso, no las de cualquiera sino, de aquellos afectados por el nuevo Coronavirus, mortal y aún desconocido.
Para nuestra protagonista los últimos años transcurrieron con cierta tristeza; ya no más. Ahora, le resulta imposible dejar de sonreír, y el motivo, que en su vientre se forma una hermosa criatura. ¿Podrían todos imaginar tal alegría, esa que se siente al descubrirse madre? Bueno, mejor que ella nos comparta su historia.
"Pasé 14 días de intenso trabajo, conmovida por la situación que vive el mundo debido a esta pandemia, y dando hasta mis últimas fuerzas para frenar sus daños en nuestra provincia", -contó, desde el aislamiento, la Dra. Dianelis de los Ángeles Cabrera Fernández, residente de Medicina Interna en el Hospital Ambrosio Grillo, de Santiago de Cuba.
"De repente, y sin esperarlo, descubrí que estaba embarazada. Tuve un aborto hace siete años y desde entonces pensaba que no tendría otra oportunidad. Pero llegó.
"Durante algunos días tuve que ocultarlo ya que si se enteraban hubiese tenido que abandonar mi trabajo, y eso ni pensarlo, porque somos un colectivo joven, nos damos fuerzas entre todos y de esa unidad dependíamos para afrontar este mal. Además, ahora no sentiría satisfacción por haber ayudado a esos pacientes que solo contaban con sus médicos; éramos familia.
"Siempre recibí el apoyo de mis compañeros, mucho más en esta última fase de aislamiento preventivo tras haber concluido el tiempo de servicio. Los especialistas a cargo permanecieron en ininterrumpida atención hacia mi salud, preocupados, comprensibles, maravillosos profesionales y seres humanos.
"El único que sabía sobre esto era el padre, el resto de la familia ni lo imaginaba, para ellos fue una bella sorpresa después de tanto tiempo. Aunque, inicialmente, he tenido un proceso de gestación complicado y que, como era de esperar, en mí confluyen muchos miedos, no dejo de sentirme feliz. Ha dado inicio otra etapa de mi realización personal.
"Es un tiempo confuso, más para una madre pero, ¿cómo no sentirme maravillosa por lo que significa engendrar una nueva vida en medio de este problema que tantas muertes ha causado? Ahora pienso dedicarme al cuidado de mi bebé, sabiendo que siempre hay un rayo de luz en medio de la oscuridad".
La hija de caballero
Arribó de la batalla sin lesiones, tan íntegro y fuerte como el primer día. Su misión había sido todo un éxito; lideraba junto a la princesa un batallón de valerosos soldados, merecedores de insignias y lauros. El enemigo no era común pero, voraz y con muchas ganas de engullir "nuevos aires". A pesar de ello, los campos no se enrojecieron, las lágrimas fueron pocas, y las alegrías sobraron. Aunque no ha concluido la guerra, él cumplió su parte y ahora, está listo para seguir, revitalizado y con buenas nuevas, las mejores que un hombre de lucha pueda recibir: el nacimiento de su hija.
Otra anécdota, real e inesperada, se plasmó en la agenda de este periodista. Confieso que, no es poca la emoción que siento al poder mostrar los logros de nuestra gente, la que se arriesga de forma desinteresada hasta el último momento.
El Dr. Alejandro David Fernández Gómez es completamente feliz. Sus razones de ser ya estaban juntas, esperando, contando los minutos para materializar ese abrazo que desde la distancia parecía imposible.
Cuentan que desde el día en el que fue avisado, la comida se le hacía nudo en la garganta. No podía pensar en otra cosa, ya era papá, su amor se había vuelto infinito.
"El nacimiento de mi bebé es el regalo más grande que me ha dado la vida, junto a mi esposa, quienes me impulsan cada día a seguir adelante",-dijo, muy emocionado.
"En el hospital fui cuidadoso en todo momento ya que, sabía que mi hija venía en camino y debía mantenerme sano para poder verla a mi regreso. Al recibir la primera fotografía no sabía si llorar o dar brincos de alegría. El día de su nacimiento estaba nervioso y un poco triste porque me encontraba lejos. Las ganas de verla eran incontrolables. Jamás pensé que este sentimiento sería lo mejor que pudiera pasarme en la vida.
"Mi mayor ilusión es poder estar para ella en todo momento, ser su apoyo en las victorias o derrotas; acompañarla por siempre y, decirle cada noche lo mucho que la quiero.
"En los primeros días de trabajo tuve que atender a un grupo de niños que eran contactos de un caso positivo a la Covid-19, y no podía dejar de sentirme identificado con los padres, incluso, con sus sentimientos. A la vez, tratamos a los familiares del pequeño de dieciocho meses que padecía la enfermedad, brindándoles nuestro apoyo por la situación que estaban viviendo. Al ver que se recuperaba satisfactoriamente y que, logró salir de alta días después, nos invadió una gran alegría. Por nuestra parte, trabajamos mucho y seguiremos haciéndolo para que esta pandemia termine lo más pronto posible.
"Quisiera que el pueblo cumpliera con todas las medidas higiénicas y de protección que se requieren para vencer este mal. Debemos cuidar de nuestros niños, ancianos, y toda la familia. Es difícil ver a un ser amado sufriendo sin la seguridad de que saldrá ileso, al menos no hasta que se tenga una cura. Lo más importante en estos momentos es mantener el aislamiento social y, si muchos hemos tenido que permanecer alejados de nuestros seres queridos para cuidar de otros, todos pueden hacerlo. Así, tendremos la oportunidad de disfrutar de esos grandes regalos que nos da la vida", concluyó.
La convulsa realidad de nuestros días nos lleva a invisibilizar muchas veces estos pequeños momentos de pura magia, milagrosos, dirían algunos. Son tiempos agitados, no lo puedo negar, pero, si observamos bien, siempre habrá una historia, o dos, que nos motiven y alienten, llenas de vida y amor; humanizadoras. Hoy, Dianelis y Alejandro ya están en sus hogares, agradecidos por la oportunidad que les ha sido conferida, con la satisfacción del deber cumplido, deseando lo mejor para su "reino" y, con toda la esperanza del mundo porque, he escuchado que eso es lo último que se pierde.
