En estos días en que el mundo enfrenta una epidemia sin precedentes, con una nueva enfermedad llamada Covid19, he visto en las redes sociales, fundamentalmente Facebook, de todo.
Quiero detenerme en ciertos carteles que se colocan a la entrada de los edificios en algunos países, que “agradecen” la labor que hacen quienes por su trabajo sí están obligados a salir de casa. Pero dichas pancartas como la de la foto que acompaña este trabajo, terminan con una idea inhumana: que mientras dure esta situación esas personas se busquen otro lugar donde vivir.
Eso es como decirle a la trabajadora de la tienda del barrio, del supermercado, de la carnicería, panadería, a los que están en puestos claves de la producción de alimentos, a los que trabajan en la radio, la televisión, la prensa escrita, a los de Servicios Comunales, del Transporte, y la salud en todas sus variantes que busquen donde vivir mientras dure la epidemia para que cuiden a sus vecinos.
Este es un gesto muy egoísta, individualista. Cierto que la Covid es una enfermedad muy letal, pero ¡se imaginan!
Por suerte vivimos en Cuba, un país bloqueado, con grandes limitaciones, que ahora se acrecientan mucho más, pero tenemos fortalezas, nuestro sistema de salud y el corazón inmenso de cada cubano.
Aquí no se le exigió a nadie que empezara a coser nasobucos, no se le exigió a nadie que permaneciera en la primera línea de peligro, no se le ha exigido a nadie que apoye las labores en centros de aislamiento, no se le ha exigido a nadie que integre los equipos que se mantienen en las calles apoyando a los más necesitados…, por solo poner algunos ejemplos.
Es cierto, reitero, que es un riesgo, pero nuestro personal de Salud u otros que están en la primera línea, han sido preparados y capacitados para cumplir con todos los protocolos que existen al respecto.
Por un problema de seguridad de ellos, de sus familiares, vecinos y de todos los que los rodeamos, después de estar 14 días en la primera línea, son trasladados por ese mismo período de tiempo a los centros de aislamiento para ser observados, solo después pueden incorporarse a su seno familiar. Eso es garantía, es una fortaleza.
Los otros, los que tenemos que salir a la calle por tareas laborales impostergables, debemos cumplir con todas las medidas establecidas mientras estemos fuera y cuando entremos a casa. Así evitaremos la propagación de la enfermedad.
El reproche, en cualquier país del mundo, está fuera de lugar. Quienes salen de casa para cumplir una labor social, están arriesgando su vida para que la población reciba sus servicios. Al contrario, merecen apoyo, respaldo, respeto, reconocimiento.
Por suerte, en mi Cuba, es diferente.