No imagino lo que es tener a un hijo en la primera línea de batalla, arriesgando su vida por el bienestar común, como cualquier superhéroe, esos que tanto producen la Marvel o DC. Pero hoy no toca hablar de esas creaciones ficticias de las compañías cinematográficas norteamericanas, sino, de personajes reales. Un padre que no descansa, el hijo que lo apoya y lo secunda, y claro, el resto de la familia, en casa, añorando su regreso con plena salud pues, conocen el mal que los separa.
Y es que, la vida del Dr. Pedro Manuel Hechavarría Borrero se transformó durante catorce días. Jefe del servicio de Medicina Interna en el "Hospital Militar" Dr. Joaquín Castillo Duany, en Santiago de Cuba, y líder del primer grupo de trabajadores de la salud que atendieron a los pacientes confirmados y sospechosos con el Covid-19.
"Nosotros fuimos los primeros en enfrentarnos a esta enfermedad, completamente nueva, de la que se conocía muy poco y, por tanto, fueron muchas las dificultades en la organización del personal y atención a los enfermos", -comentó a Sierra Maestra.
"A pesar de esto, no tuvimos ningún paciente en estado grave, crítico, o fallecido, gracias al sacrifico y la entrega de todos. Aunque, confieso que siempre hubo miedo principalmente, al diagnosticarse los primeros casos positivos".
Las posibilidades de contagio nunca fueron descartadas, aún así ningún miembro de su equipo resultó infectado. ¿Cómo lograron mantener su integridad física ante la magnitud de esta enfermedad?
"Creo necesario decir que fue un privilegio tener especialistas bien preparados a mi lado. La brigada estuvo integrada por personal de distintos centros de salud de la provincia como, el Hospital Infantil Norte, el Ginecobstétrico de Palma Soriano, y Asistencia Primaria del municipio cabecera. Fue un grupo disciplinado, con una gran concepción del trabajo, sentido de pertenencia, altruismo. Debido a eso, y cumpliendo con todas las normas de higiene y epidemiología requeridas, ninguno enfermó. Ahora, luego de este breve período de descanso, estaremos listos para continuar la labor".
Durante esos catorce días no solo pensó en la seguridad de sus pacientes, también en la de su hijo que, desde otro frente, arriesgaba la vida. ¿Cómo logró lidiar con esa preocupación?
"La percepción del riesgo fue muy alta con todos mis compañeros y, por supuesto, se multiplicaba cada vez que pensaba en mi hijo, que estaba lejos atendiendo a pacientes extranjeros con los mismos padecimientos. Temía por él aunque sabía que debido a su especialidad los preparaban para conocer al detalle las normas de protección, pero era inevitable el pesar. Mis reflexiones cada noche eran para él. Lo llamaba por teléfono todos los días y me daba calma; siempre estuvo consciente de que esta tarea era necesaria y que saldría airoso".
De frente al peligro, sin escatimar en fuerzas ni trabajo, viendo en primera fila lo que este virus provoca en el cuerpo humano. ¿Qué puede decirle a la población para su seguridad?
"Aunque de esta guerra ganamos la primera batalla, no ha terminado. El virus necesita de un huésped para multiplicarse, solo aislándonos lograremos cortar la cadena epidemiológica. El pueblo debe tener percepción de este riesgo porque nos exponemos a morir innecesariamente".
En la Villa "Colibrí" estuvo el joven Pedro Luis Hechavarría Galán, microbiólogo, con tan solo 29 años enfrentándose al letal Coronavirus y mostrando el internacionalismo que caracteriza a Cuba. El hijo, hermano, compañero querido por muchos, también nos contó sobre su reciente experiencia.
"Yo era uno de los encargados de tomar las muestras de análisis de los pacientes extranjeros sospechosos que presentaban síntomas, para su posterior procesamiento. Por primera vez me enfrentaba a una tarea de esta magnitud y, a pesar de tener la preparación requerida para ello, nunca se sabe las complicaciones que puedan aparecer.
"Me fui adaptando en la marcha, aplicando todo lo que sabía, gran parte de ello gracias a las enseñanzas de mi padre. Nos apoyábamos mutuamente, aunque las tareas eran diferentes el peligro era el mismo. A la vez, hubo que tranquilizar a la familia que estaba en casa, preocupada por nuestra seguridad, y brindando su apoyo desde la distancia", concluyó.
La madre, tan vital como el padre, esperaba su llegada. No sabía si ya podía abrazarlos, pero lo hizo sin dudar, no aguantaba más. Su hijo más pequeño, el soldado, también buscó el cariño que durante un mes solo percibía gracias a las tecnologías pero eso terminó, al menos por ahora. Había vuelto la familia.
"Estoy muy orgullosa de ambos, satisfecha por su trabajo, tan importante en estos momentos. Ha sido una experiencia dura, no solo para ellos y, aunque me sentía preparada, a veces la preocupación superaba mis buenos ánimos. Debo agradecer el apoyo incondicional de la comunidad, esa fuerza me ayudó a seguir adelante y a que las horas pasaran más rápido. Están aquí, conmigo, es lo que importa. Y si deben regresar que así sea, seguirán cumpliendo con su deber, uno muy digno y hermoso", fueron las palabras de Noemí Galán Frías.
Quizás algún día lo viva en carne propia; el nudo en la garganta, el desconcierto, la tristeza que se sufre callado para no dejarnos caer, frecuente apariencia en los más fuertes. Todo por aquellos que, sin esperar mucho a cambio, derogan sus propios intereses para salvar vidas.