Para volver a querer a plenitud

Categoría: covid-19
Escrito por Nazin Salomon Ismael
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pacientescovid1Bien sabe el hombre lo que vale la familia cuando abraza a la madre que no puede controlar sus lágrimas, recibe el beso de la pareja "ansiosa" por volverse a sentir en total fusión de vidas, o el sincero "te quiero" de un hijo. En esos instantes comprende que el universo ya le ha sonreído a plenitud, brindándole algo tan inmensurable como su anhelo antes de tener cada una de estas cosas. Fue así como se sintió el regreso. Lo escuché en sus palabras pero, más que todo, lo percibí en sus ojos, esas amplias ventanas al alma. 

Caminaban sanos pero incompletos, ávidos del calor hogareño, ese tan imprescindible y reconfortante; tan humano. Pero ya sabían que faltaba poco, solo era cuestión de horas. En caravana salieron de la Villa, escoltados hacia sus templos sagrados pero, no sin antes recibir el aplauso, el que ya se ha hecho frecuente y necesario, diría que hasta obligatorio para todos los trabajadores de la salud en Cuba y el mundo.

Ahora se les llaman héroes pero desde hace mucho lo son, desde que optaron por estudiar una carrera "tan sacrificada como mal agradecida, a veces", tal y como me confesó uno de ellos. Cierto es que, consume sus vidas a pasos agigantados pero creo que se acostumbran, sí, se acostumbran a cuidar de los demás aunque el precio sea elevado. No hay como saberse protector de quienes nos aman y amamos; creo que esta es su premisa, la principal al menos. 

Llegar a sus hogares después de veintiocho días, la mitad enfrentando a este enemigo común que nos "roba" el aire y, aún así, mantener la distancia con aquellos a los que quieren "tener" una vez más, solo por si acaso, es el reflejo de la total falta de egoísmo, una convicción envidiable. El llanto se hizo esperar, no era tiempo de dejarlo salir, aunque en ocasiones fue inaguantable. Precisamente, estos son los sentimientos que agradece el periodismo y que, sin escatimar, enseñamos al mundo. 

A pesar de las ganas por llegar al destino insistían en transmitir el mensaje de: "Quédate en casa", aunque ellos no han podido hacerlo. 

Se despedían del panorama marino. Las playas de Guamá los seguían al vaivén de sus olas y, mientras se dificultaba el avistamiento, un inmenso azul les agradecía. Eventualmente, regresarán, con las mismas fuerzas y esperanzas que el primer día; deseando que este mal pase para volver a querer a plenitud.