Más que la etiqueta que marca tendencia en las redes sociales de Internet, “Quédate en casa” es un mensaje que envían los gobiernos, las autoridades sanitarias internacionales, y la conducta que asumen responsablemente millones de personas en Cuba y el resto del mundo.
Aunque desde hace un par de semanas, en la Mayor de las Antillas se recomendó a los ciudadanos disminuir el trasiego en las ciudades y se han adoptado medidas para restringir la movilidad de las personas entre provincias, la frase tomó mayor fuerza cuando el Presidente, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, instó a la población a mantenerse en casa durante el fin de semana último.
El llamado, vigente para todos los cubanos cuya presencia no resulte indispensable en actividades productivas, servicios de salud y órganos de la defensa, se produce en un contexto en el que se han identificado dos eventos de transmisión local, y se prevé el aumento de casos confirmados de la enfermedad, fundamentalmente entre viajeros provenientes del extranjero, que se encuentran en cuarentena desde su llegada a la Isla.
La estrategia cubana para enfrentar la Covi-19 incluye disposiciones que facilitan el aislamiento social, dirigidas a la disminución de trámites, la apertura o incremento de prestaciones a domicilio y las modalidades de estudio y trabajo a distancia.
Pero “Quédate en casa” ha logrado calar en la sensibilidad de muchas personas porque entraña la voluntad de unirse, más allá de regiones geográficas, niveles de escolarización, perfiles profesionales o diferencias económicas. En tres palabras se condensa la necesidad de preservar la salud de todos a partir de la responsabilidad individual y la esperanza de salir airosos de una situación peligrosa.
El SARS-Cov-2 ha demostrado la fragilidad de un orden mundial en el que importa más el dinero que la vida humana, y las potencialidades de valores como la solidaridad, que parecía olvidada en la política exterior de la mayoría de las naciones.
Quedarse en casa es la señal de respeto a la vida; la mejor manera de proteger a los seres queridos y a nosotros mismos. Distanciarnos del resto, postergar las celebraciones, los abrazos, los viajes y los encuentros de amigos es la mayor demostración de cariño que podemos hacer, ahora que la muerte mutila a miles de familias, y reconfigura el panorama mundial.
“Quédate en casa” es un mensaje humanista y como tal, no aplica en las concepciones mezquinamente economicistas y neoliberales de la administración norteamericana, cuyo presidente ha sugerido que 100 000 o 200 000 fallecimientos en el país más poderoso sería señal de “un buen trabajo” frente a la Covid-19; el mismo pensamiento que sostiene la recrudecida hostilidad contra naciones como Cuba, Venezuela e Irán, a pesar de la emergencia sanitaria internacional.
Para quienes entienden de amor al prójimo, de solidaridad y gratitud, al llamado a mantenerse en el hogar se suma una iniciativa que estremece los oídos y el alma cuando millones de manos se funden en el aplauso de un pueblo a las 9:00 p.m., hora local de Cuba. Va en esa práctica el reconocimiento a quienes dentro y fuera de la Isla luchan por la salud de gente que no conocen, pero que defienden a costa de su propia vida.
La ovación es abrazo y reverencia ante la grandeza de héroes y heroínas desconocidos; de madres, padres, hijos y abuelos que dejaron el hogar o la nación, sencillamente porque los cubanos creemos que Patria es Humanidad, y a favor de ese principio es posible cualquier sacrificio.
La idea de aplaudirlos, como el #QuédateEnCasa, no nació en Cuba, pero los de aquí tenemos razones para esperar esos minutos en que desde portales y balcones todo un país dice “Gracias, confiamos en ustedes”.