Para no tener dos epidemias

Categoría: covid-19
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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aedescubaSe acerca el mes de mayo y con este el inicio del período lluvioso. No es preciso ser entomólogo para saber que -como a las precipitaciones se sumará el incremento de las temperaturas, propio del inicio del verano- dentro de pocas semanas se darán las condiciones propicias para la proliferación del mosquito Aedes aegypti, con el alto riesgo para la salud que representa.

Y, si la transmisión de arbovirosis como dengue, zika y chikungunya en períodos anteriores ha resultado un serio problema sanitario con miles de afectados en la población santiaguera, ahora el peligro se multiplica frente a la seria amenaza del SARS-Cov-2. Dicho de otro modo: si con el coronavirus ya teníamos suficiente, dentro de poco podríamos estar ante dos enemigos potentes, causantes de patologías que pueden desencadenar complicaciones graves y ocasionar la muerte.

Y no se trata de alarmar en vano, sino de alertar sobre una realidad en la que podrían concomitar infecciones virales cuyo saldo de contagios y muertes es aún incalculable, pues están por verse las implicaciones de la coinfección por SARS-Cov-2 y el virus del dengue, por ejemplo, que es potencialmente mortal cuando la enfermedad se presenta en su forma hemorrágica.

Pero, además de esa interacción, cuyo estudio seguramente desarrollarán los expertos, hay elementos que cualquiera puede analizar y que, a todas luces, supondrían un enorme desafío para un país que lidia con grandes limitaciones materiales.

Tanto las arbovirosis como la Covid-19 son enfermedades infecciosas que demandan aislamiento de casos sospechosos, atención médica (incluyendo cuidados intensivos) y un amplio despliegue de personal y de recursos; en suma, todo eso impacta desfavorablemente en el sistema de Salud -que tendría que dividir sus fuerzas para el enfrentamiento a dos epidemias-, en la economía y en el funcionamiento de la sociedad en general.

Y, créame, estimado lector, que no es impropio hablar de afectaciones económicas cuando lo que está en juego es la salud. En Cuba, el peligro que implican las epidemias es como un círculo vicioso en el que combatirlas requiere dedicar recursos económicos y humanos, con lo cual se afectan otras esferas del desarrollo social que generan ingresos para sostener esos mismos servicios médicos gratuitos pero costosos, a la vez que se deterioran otras prestaciones.

 La Covid-19 es un ejemplo claro de cómo un problema sanitario puede afectar a todo el sistema económico-social, con consecuencias negativas a nivel individual, familiar, comunitario y macrosocial. Es una enfermedad que daña a todas las personas -la padezcan o no- por sus implicaciones en el aumento de la pobreza.

En el caso cubano, si la situación epidemiológica se agravara por la proliferación de un enemigo como el mosquito Aedes aegypti, el resultado podría ser peor. De producirse la circulación en proporciones epidémicas de la Covid-19 y el dengue es muy probable que se afecten las capacidades para enfrentar con éxito estas afecciones.

Ante tales peligros, los cubanos, y en especial los santiagueros, no tenemos las manos atadas: el mosquito es un “viejo conocido” y como tal, sabemos cómo prevenir las enfermedades que causa.

Valga recordar entonces medidas simples pero muy eficaces para no permitir que la casa, el centro de trabajo y el barrio sean lugares propicios para su reproducción.

Lo primero es mantener los depósitos de agua bien tapados; cambiar frecuentemente el agua de vasos espirituales y de los bebederos de animales, y cepillar estos recipientes antes de volver a llenarlos. Asimismo, hay que sembrar las plantas en tierra (nunca dejarlas en agua); enterrar neumáticos en desuso y guardar bajo techo y bocabajo latas, botellas u otros objetos que puedan contener agua, además se deben desechar aquellos que no vayamos a reutilizar.

Para mantener nuestro entorno libre de Aedes aegypti, debemos sanear patios, azoteas y los alrededores de la vivienda, y el centro de trabajo o estudios para eliminar la basura, el enyerbamiento y todo cuanto pueda representar un riesgo ambiental para la proliferación del insecto.

Es importante no botar el abate de los tanques; no arrojar desechos a la vía pública y realizar el autofocal familiar cada siete días para identificar los posibles criaderos artificiales y eliminarlos. 

Ante la presencia de síntomas como fiebre, malestar general, y dolores musculares, articulares, detrás de los ojos y de cabeza, debemos acudir inmediatamente al médico.

A esto hay que sumar las medidas de prevención de la Covid-19. En nuestras manos está evitar el peligro que representa lidiar con dos epidemias.