Hace unas semanas conocimos que en España, luego en Italia, a las 8 de la noche las personas que se encontraban en cuarentena en sus casas, se enlazaban en un aplauso.
Ahora Cuba nos convoca a unirnos también en un aplauso de hermanos, de solidaridad en una hora muy simbólica, las 9 de la noche, el momento de la ceremonia de El Cañonazo, la cual data del siglo XVIII y consiste en un disparo de cañón, desde la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, la cual junto al Castillo de los Tres Reyes del Morro domina la entrada a la bahía de la capital, La Habana.
Esta “era la fórmula oficial de aviso a pobladores y visitantes de la capital cubana, para que a partir de ese instante permanecieran tras las gruesas murallas que a lo largo de decenas de kilómetros rodeaban la villa para resguardarla contra ataques de corsarios y piratas”, con el paso de los años esta es una linda tradición, y ahora obliga a todos a mirar los relojes.
Tomando como esencia el impacto que esto tiene en la vida de los cubanos, y de los habaneros en particular, se nos invita para cada noche unirnos todos, desde Oriente hasta Occidente en un aplauso por los médicos que partieron hacia varios países a colaborar en el cuidado de los enfermos, por los que están aquí en nuestra Patria, por las enfermeras, personal de apoyo, choferes que trasladan a pacientes, todos los que desde diferentes puestos de labor, arriesgan su vida para cuidar la de muchos.
Ese gesto merece nuestro reconocimiento de la manera en que todos podamos aportar y participar. Ahora es imposible hacer grandes actos, entregar diplomas, flores; pero desde el aislamiento social, desde cada casa, barrio y comunidad, sí podemos unirnos; poco a poco sumémonos. Abramos nuestros corazones, enviemos en cada palmada un mensaje de aliento; carguémonos de energía positiva, esa que mucha falta nos hace para seguir enfrentando a esta enfermedad tan poderosa que se llama la Covid19.
Cada noche, hasta que culmine esta terrible etapa de pandemia, tenemos un encuentro, a distancia, con protección, desde su ventana, desde su puerta, desde su balcón. Una vez más pongamos a prueba nuestro sentido humanista. Regalemos amor, nada nos cuesta.