Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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La pandemia y su indolencia mediática

fake coronavirusEl "trastero" está abarrotado. Nadie sabe qué va a encontrar una vez dentro. Consejos, predicciones, memes, señales "divinas"..., un panorama de total desconcierto, diría yo, pero muy oportuno.


En el contexto actual las mediaciones se tornan incontrolables. Las redes sociales desembocan en constantes reyertas que confirman el desconocimiento de un mundo al borde del colapso informacional. Irónico, pero cierto. Cada dos publicaciones aparece una tercera relacionada con el Coronavirus; tendencia desde hace algún tiempo, y con razón. No es de extrañar que los escenarios más "eficientes" para el ejercicio de la democracia se convirtieran en la bandeja de salida de quienes buscan globalizar sus creencias, o escepticismo.
"Los países infectados fueron los mismos que legalizaron el aborto"; "La cura está en tomar infusión de ajo"; "Beber sorbos de agua caliente cada media hora evita la infección"; "Extraño fenómeno celestial se repite en el cielo de China"; "Suenan las campanas del Juicio". Sí, grandes titulares que no aportan más que Likes con una notable falta de estoicismo. La cuestión no es pedir a los internautas el cese de sus impulsos "creativos" sino, rogar por un mayor análisis de contenido a cada información que nos llega, para bien común.

Varias veces la historia ha enseñado que en ocasiones similares el teléfono móvil se convierte en espacio de reclusión. Imponen un solapado temor a bajo costo, como si la sociedad de masas de finales del siglo XIX, moldeable e indiferenciada, permaneciera latente en cada uno de nosotros, algo que aún no descarto.
Por otra parte, están los contrapuntos políticos, siendo Cuba un constante blanco de almas ¿confundidas o intencionadas? Como ha sucedido en Europa, la guerra civil mediática no se detiene. Las opiniones, en su mayoría amparadas por el oportunismo de los medios de comunicación y provenientes de personas no simpatizantes con el gobierno y sus decisiones, muchas veces desbordan una sensiblería poco creíble que solo logran proyectar a través de improperios y opiniones sin fundamento. Quizá su propósito es generar pensamientos, incluso a través de especialistas temerosos, para ejercer mayor presión social desde las redes, algo que no propicia nada bueno en estos momentos. Como si no fuese suficiente, la imagen de los "chinos malos". Aunque ha disminuido en los últimos días, el ataque hacia la nación asiática ha sido inmenso. Videos de supuestas personas enfermas (por COVID-19) contagiando a propósito zonas públicas; críticas y manifestaciones de asco por sus hábitos de alimentación -como si las elaboraciones de McDonald's fuesen inmaculados manjares-; persecuciones policiales y actos represivos a supuestos ciudadanos infectados; sátiras y memes con evidentes manifestaciones repulsivas hacia una cultura milenaria... En fin, toda una campaña difamatoria infundada por la ignorancia y claro, el inaudito temor. El “gigante asiático” inició el 2020 con la práctica de uno de los experimentos sociales más efectivos para estos tiempos, dirían algunos. Tras el brote inicial del virus, el gobierno hizo una propuesta determinante a sus ciudadanos: si desean sobrevivir en un mundo constantemente amenazado por agentes patógenos, sin miedo a contagiarse, no se preocupen demasiado por la democracia y permitan que el Estado se haga cargo de todo. A esto se le puede llamar "estado de cuarentena", y hoy todos lo promueven. Muchos consideran que ha sido una forma de otorgarle total manejo de su vida privada al órgano de control y represión por excelencia; sin embargo, saben que es el único capaz de contener y eliminar este tipo de epidemias por lo que se le deja correr con toda la responsabilidad. Aun así, el ataque en su contra continúa desde la seguridad de las casas.
Lo real es que todos deben jugar su rol, y es lo que está sucediendo pero, usar los espacios virtuales de socialización para promover campañas difamatorias y generar histeria colectiva jamás será la solución. Se vende más pánico que seguridad. Quienes conocen hablan poco, y los que especulan solo se dejan llevar por la presión que genera el sentirse impotente, muchas veces desde la distancia, y con pura finalidad política más que de otra índole.
El remedio está en la auto prevención. Hay que establecer prioridades: se cuestionan las decisiones de los gobiernos o se está preparado en caso de que la enfermedad se propague. Personalmente, recomiendo la segunda opción.

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