Desde el pasado 28 de noviembre todos los cubanos comprometidos con el legado del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, y ciudadanos del mundo en muestra de solidaridad con el pueblo cubano, hemos rendido homenaje póstumo y firmado el compromiso de dar continuidad a cada una de las ideas expresadas en su más acabado concepto de lo que significa Revolución.
Concepto que es síntesis y puesta en práctica del pensamiento martiano a través del ejemplo y la acción revolucionaria de este luchador incansable, en la obra iniciada el 1ro de enero de 1959. En él se aprecian ideas de una consolidada madurez política al proponer una nueva estrategia revolucionaria de lucha contra el enemigo común de la especie humana: el imperialismo.
El 1ro de mayo de 2000 en la Plaza de la Revolución de La Habana, Fidel proclamaba al pueblo cubano y al mundo: “Revolución es: sentido de momento histórico”.
La comprensión del momento histórico que le tocó vivir constituye una de las primicias más significativas dentro de su actividad dirigente y política. Ante catástrofes naturales, agresiones enemigas, y en los duros años de la década del 90 después de la caída del Campo Socialista y la desintegración de la URSS, estuvo siempre en las posiciones más peligrosas y como parte de su pueblo.
La idea de “igualdad, de ser tratados y tratar a los demás como seres humanos”, ha constituido clave angular en el decurso de los principios revolucionarios cubanos desde el proceso de conquista y colonización por los españoles hasta nuestros días.
El razonamiento profundo de esta idea permite apreciar el humanismo que ella encierra, como principio de la moral que Martí defendió, y que ha tenido su materialización más categórica con la creación del Contingente Internacional de médicos especializados en situaciones de desastres y graves epidemias “Henry Reeve”. Fue el primero de su tipo a nivel global, integrado por 1905 médicos calificados por Fidel como defensores de la vida que serían capaces de ir a cualquier rincón del mundo desafiando altas, bajas temperaturas, horarios o condiciones geográficas adversas.
En una tercera idea del concepto, expresa: “Revolución…Es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos”. Fidel convida a continuar luchando por el mantenimiento de la independencia, la soberanía y la libertad con el esfuerzo reunido de todos los cubanos de buena voluntad. En correspondencia con esos juicios ha demostrado la legitimidad de la fuerza de los pueblos de América Latina y de Cuba, provenientes de su historia y sus condiciones específicas, que son únicas e irrepetibles.
Esta observación permite determinar otra de las ideas expuestas en el concepto: “Revolución… es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional”.
Las ansias hegemónicas y anexionistas que Martí enfrentó en el siglo XIX también fueron poderosas fuerzas que Fidel tuvo que desafiar con mayor ímpetu desde el 1ro de enero de 1959, ante la renovación del conflicto histórico al revitalizar y consolidar el valor del antiimperialismo. Otros han sido sus aportes en este sentido a las concepciones martianas de independencia, la autodeterminación del camino a seguir en el nuevo sistema social que se construía, en el enfrentamiento a cualquier acción que pudiera frustrar los empeños de mantener y preservar la dignidad nacional. Los últimos años del siglo XX e inicios del XXI fueron de suma importancia en la lucha de Fidel junto al pueblo en el campo de las ideas, pues convirtió la Batalla de Ideas en el escenario idóneo en aras de retar las fuerzas externas e internas que atentaban contra la Revolución. Hoy, como en los años del siglo XIX en que vivió Martí, los cubanos enfrentan posiciones contrarias a los intereses de la mayoría de los pueblos, al desafiar poderosas fuerzas enemigas de la independencia de Cuba tanto dentro como en el exterior.
De gran significación es la última idea que expone Fidel en el concepto y que ha constituido uno de los hilos conductores del proceso revolucionario cubano cuando define que: “Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”. Esa lúcida concepción humanista presente en el pensamiento de Martí y Fidel les permitió a ambos constituirse en fervientes propugnadores de la unidad revolucionaria, al margen de anexionistas y apátridas, al crear una organización política que permitiera la unidad de todos los cubanos patriotas.
La vigencia de esa lúcida concepción martiana, se manifiesta, pasada más de una centuria, en las ideas expuestas por Fidel ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 13 de diciembre de 1997 al valorar que el rumbo unitario del proceso revolucionario debe guiarse “en las condiciones, dentro de los principios de Cuba, la tradición y experiencia de Cuba, y dentro del concepto de un solo Partido, espina dorsal de la unidad y con la tradición martiana, porque Martí hizo un Partido incluso antes que Lenin”. Con esas premisas, desde su fundación en 1965 el Partido Comunista de Cuba se proclama como martiano y marxista, a partir de la integración unitaria de la vanguardia revolucionaria.
El sentimiento internacionalista, solidario y latinoamericanista, de profundas raíces éticas, presente en el pensamiento de Fidel, se engarza con singular relieve en el más genuino ideario martiano. Nuestro líder histórico reflexiona en el I Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo el 11 de junio de 1999: “creo en la unión de los países del mundo, en la unión de todos los pueblos del mundo, la unión de todas las culturas en un mundo verdaderamente justo”. Para ambos la expresión de “Patria es humanidad” encuentra un significado de común trascendencia ético-política.
Las afinidades en el ideario ético político de José Martí se revelan en el concepto de Revolución de Fidel Castro Ruz, como expresión de la continuidad histórica de valores y convicciones iniciada en La Demajagua, continuada en las agrestes cumbres de la Sierra Maestra y vigente aún en la lucha cotidiana y anónima del pueblo cubano.
Sólo en el rescate de una espiritualidad comprometida, en la formación en valores de las nuevas generaciones, en la lucha intransigente por mantener el humanismo como basamento de la identidad cubana, aún en las condiciones más adversas, es posible salvaguardar el proyecto ético-político que abra el camino a continuar prolongando el concepto de Revolución, a continuar prolongando el pensamiento revolucionario de Martí en Fidel y el de Fidel en nosotros, porque todos somos Fidel.
