Zeida Suárez es una mujer sencilla, de mucho carácter e imagen imponente, que vive orgullosa de su Santiago y enamorada de su trabajo en el Departamento de Promoción del Complejo Cultural Teatro Heredia, de esta ciudad; sin embargo, hoy no nos habla de ninguna actividad programada por esa instalación, sino que nos trasmite conmocionada sus vivencias al lado del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz.
Con voz entrecortada y ojos sollozos, comienza su relato describiendo cómo recibió la noticia de la desaparición física del Comandante en Jefe:
“Sobre la media noche llama una vecina a la casa y me pregunta si miraba la televisión, me dice que estaban informando que Fidel había muerto. Di un grito espantoso. En ese momento sentí el mismo dolor que cuando perdí a mis padres, porque tras interiorizar sus palabras consideré haber perdido a otro padre.
“La noticia me conmovió mucho. Sabíamos que estaba enfermo pero no que iba a morir en estos momentos. Confieso que quedé sorprendida como creo que lo han hecho muchos santiagueros, cubanos y millones de personas en el mundo.”
Pero el dolor de Zeida está tan enraizado en su alma porque además de percibir como ciudadana las bondades de la obra infinita impulsada por Fidel, compartió junto a él innumerables experiencias.
“Lo conocí siendo una joven de apenas 30 años en 1986 cuando fui electa diputada a la Asamblea Nacional y miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba. Todos sabemos el cariño que él sentía por los hombres y mujeres de esta tierra oriental y siendo la única santiaguera en la Asamblea viví momentos muy especiales junto a él. Recuerdo como en cada receso me decía ‘santiaguerita’ ven acá y tiraba su brazo sobre mi hombro.
“Fueron seis años en los que siempre vi al hombre rebelde, combativo, revolucionario, humano, pero también al hombre amigo, sencillo y del detalle pese a toda la responsabilidad que tenía.”
En medio del diálogo Zeida se detiene, por un instante la voz no la acompaña, pero contiene el llanto, y prosigue para rebelarnos un pasaje que según ella denota la grandeza y las cualidades de ese cubano inmortal:
“Antes de casarme le entregué una invitación de mi boda al Comandante, sentí que aquello lo emocionó mucho ese día, era la más joven de la Asamblea y la única que no había contraído matrimonio todavía.
“Después de eso no hablamos más, pero para sorpresa mía el día de la boda llegaran a la casa dos compañeros de la seguridad y un escolta de Fidel con un regalo para mí. Ese gesto jamás lo podré olvidar porque no imaginé que él con tanto trabajo y cosas en su cabeza pudiera recordar que ese día yo me casaba.”
La noticia le duele a ella como a todos los que de una forma u otra admiramos al líder revolucionario, pero no le quita las aspiraciones de seguir adelante:
“Me queda continuar las ideas de Fidel porque soy una persona que me crié bajo sus principios, me los enseñó mi madre que era muy revolucionaria. Nunca le fallaré porque él para mí está vivo, no ha muerto, sigue entre nosotros porque es único no solo en Cuba sino en el mundo”.
Su voz definitivamente se quiebra, ya no puede con tanta emoción contenida, aunque sabe que el legado de Fidel perdurará en el tiempo, llora por su muerte.
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.