Periódico Sierra Maestra

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Ignorancia y miedo, tan malos como el SIDA

sida1Lamentablemente es un hecho que hoy en Santiago de Cuba hay más personas infectadas por el VIH que hace cinco años, por ejemplo; y si antes era poco común tener un vecino, un amigo o un colega seropositivo, ahora sucede con mayor frecuencia y no siempre sabemos cómo actuar en esta situación.

A veces el temor al contagio suprime nuestra capacidad de razonar, y olvidamos lo que se divulga acerca de las vías de transmisión del virus, al punto de no querer que el seropositivo nos hable de cerca, nos toque, utilice el mismo baño o las vasijas y cubiertos que emplea el resto de las personas. En el centro laboral puede ocurrir que algún directivo mal informado llame al afectado y “le lea la cartilla” de lo que no puede hacer; o desestime ofrecerle oportunidades de superación y de realización profesional. Es  entonces cuando al fortísimo impacto psicológico de saberse en peligro, se suma -cual tiro de gracia- la discriminación.

El aumento de las personas con VIH en nuestra sociedad hace del conocimiento una necesidad imperiosa para no tornarles más difícil la vida.

Como es sabido, el virus solo puede ser transmitido en las relaciones sexuales desprotegidas; de la madre infectada a su hijo  durante el embarazo, el parto o la lactancia materna; y por el uso de instrumentos cortantes que hayan estado en contacto con la sangre de una persona seropositiva, como las agujas de jeringuillas.

Pero en el ámbito laboral se producen contactos que para nada constituyen un peligro, como dar palmadas a un colega en la espalda; compartir máquinas y equipos, inodoros y lavabos; estrecharse las manos; hacer una caricia; toser; estornudar; utilizar una misma fuente para beber o el mismo teléfono y comer juntos.

Ni siquiera en casa la cercanía a quienes viven con VIH constituye un peligro, pues las investigaciones realizadas hasta la fecha demuestran que una persona no infectada puede bañarse, dormir e incluso tener contacto con saliva, sudor o lágrimas de un portador del virus y no contagiarse. El VIH puede encontrarse en estos fluidos orgánicos y en otros como la orina y el líquido cefalorraquídeo; sin embargo, se ha demostrado que únicamente el semen, la sangre, el flujo vaginal y la leche materna transmiten la infección.

En aras de desterrar el miedo que tanto fomenta la discriminación, cualquiera puede solicitar información en el consultorio del médico y la enfermera de la familia, en policlínicos y en los servicios de consejería. Asimismo, en el entorno laboral la administración y las estructuras de base de las organizaciones políticas y de masas, deben promover la protección de los derechos, la solidaridad y el respeto a quienes viven con VIH. En este sentido pueden aplicarse no pocas iniciativas para sensibilizar al colectivo, que estarán mejor orientadas si se busca asesoramiento en el Centro de Prevención de Infecciones de Transmisión Sexual y VIH/SIDA.

No obstante, lograr un ambiente propicio para el trabajador seropositivo no es siempre una tarea fácil, ni se consigue en poco tiempo; a veces conlleva cambiar conceptos errados y prejuiciosos.

Es un mito que el contagio con VIH sea consecuencia de una vida sexual desordenada, que solo le ocurra a “pervertidos” y drogadictos. Si bien, durante algunos años en Santiago de Cuba este grave problema de salud afectaba fundamentalmente a quienes tenían conductas asociadas a la prostitución y el consumo de estupefacientes, actualmente los trabajadores y estudiantes constituyen el sector mayoritario entre los casos confirmados.

Por tanto, es útil recordar que incluso en situaciones desfavorables, cuando el estigma y el miedo impiden actuar con racionalidad, quien vive con VIH tiene los mismos derechos y merece tanta o más consideración que el resto.

La seropositividad en sí no constituye un impedimento para estudiar o desempeñar cualquier profesión u oficio, aunque las patologías asociadas al Sida sí pudieran ser limitantes, pero esto lo determinan autoridades sanitarias facultadas para eso. Con tratamiento, la mayoría de las personas que presentan VIH puede llevar una vida normal y saludable.

El SIDA no se combate apartando a quienes lo padecen, sino con responsabilidad y autocuidado, protegiéndonos durante las relaciones sexuales; difundiendo conocimientos sobre las vías de transmisión, orientando a los más jóvenes de la familia para que tengan sexo seguro… en fin, previniendo.

Se trata de eliminar o al menos reducir en lo posible el riego de contraer el VIH, pero siendo cada vez más humanos, más respetuosos y solidarios con las personas seropositivas. Es mucho mejor que nuestro comportamiento ayude a disminuir el estrés emocional de tener una enfermedad crónica, y no que seamos portadores del miedo y la ignorancia, dos “enfermedades” tan malas como el SIDA.    

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