El calor vespertino de la ciudad da los buenos días. Olor a café criollo, al fondo, ese aroma que roza los sentidos, humeante y complaciente; antesala de lo cotidiano.
Engalanada. Todo listo, ya, para la gran celebración. Por centurias construyó su historia, nativa y conquistada. India, blanca, negra, mestiza...esa mezcla que nos enorgullece; colores que peculiarizan una "fina estampa" a lo Chabuca Granda.
Rompe esquemas mi tierra. Se impone sobre sus homólogas, incluso las más grandes. Y es que, el progreso lo lleva en las venas; intrínseco, coloquial, magnánimo.
Un halo claro la envuelve y esbelta se torna, orgullo de quienes la habitan. Resuenan sus cuatro esquinas, que suman cien, y hasta doscientos.
Música es mi tierra; y baile; y jolgorios de "aseres" que denotan familia.
El "compay" desconocido que nos saluda y sonríe a la mujer hermosa, que no anda, exhibe su estampa cual naturaleza viva.
Convidan al tránsito las lomas surcadas, y sus renovados adoquines en una explosión de luces. Ecléctico devenir de los años y la contemporaneidad casi obligatoria.
Cinco cero cinco, quinientas primaveras y veranos, siglos de lucha y sacrificio que han removido tristezas por alegrías, y plantado mucho sueños, algunos hechos realidad. El "Gracias Santiago" da la bienvenida e invita a volver, esparciendo hospitalidad y cultura.
Es la vida misma en tradiciones caribeñas; un monto de valor espiritual con carismas latinos y torsos "Mackandálicos"; de Congo y Carabalí, de Antilla; disfruta Cuba resumida en la Tierra del Fuego, donde nada nos asombra.